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Cambio climático Olas de calor marinas ¿están detrás del bochornoso verano que vive Europa?

Este verano de olas de calor se está caracterizando no solo por ser caluroso, sino también bochornoso en muchos rincones de Europa y en otras zonas del planeta donde habitualmente los veranos son más templados. A las elevadas temperaturas que se han estado registrando en varios países del norte de Europa, hay que sumar una elevada ¨sensación de bochorno¨ con temperaturas mínimas muy por encima de los valores habituales.

A medida que se calientan nuestros mares y océanos el aporte de vapor de agua alaire es mayor.

El fenómeno que vivimos es como el de la pescadilla que se muerde la cola, a mayor temperatura del aire, también es mayor la cantidad de vapor de agua que este puede retener, y a más vapor de agua, menos enfriamiento se produce por la noche dado que el vapor de agua absorbe una buena parte de la radiación infrarroja que emite la superficie, reteniéndola y manteniendo la temperatura nocturna más alta. Pero para que todo esto ocurra, también es necesario que haya una fuente que proporcione el vapor de agua, y esa fuente este verano, ha sido las constantes olas de calor marinas que se han registrado en un buen número de mares, océanos y hasta lagos de nuestro planeta.

A diferencia de las olas de calor terrestres, las marinas suelen durar bastante más porque los océanos absorben y liberan energía más lentamente que el aire. Pueden ser días o semanas hasta que la superficie del mar vuelve a la normalidad, y estas olas de calor se pueden extender por miles de kilómetros de agua, abarcando zonas mucho mayores que las que se registran sobre tierra firme.

Estimación de la anomalía de temperatura del mar 26 de julio de 2018.

Entre 1982 y 2016, se ha duplicado el número de días de olas de calor marinas y a la vez se ha observado que son más duraderas. No solo eso, según estudios recientemente realizados por científicos del Scripps Institution of Oceanography, en La Jolla, California, esta tendencia ir aumentando progresivamente. Los cálculos realizados con modelos numéricos pronostican que para un aumento global de temperatura de 1.5oC, el número de días de olas de calor marinas aumentará unas 16 veces. Pero si se cumplen las predicciones de una tierra más calidad, ese valor sería mucho más elevado.

Los cambios más importantes los notaríamos en el Pacífico occidental frente a las costas de Asia y en los océanos de la región del ártico. Hoy en día, concluye el estudio, el 87% de los días de olas de calor marinas se atribuyen al calentamiento global relacionado con la actividad humana. El impacto de ese aumento lo notaremos los humanos con temperaturas más elevadas y un ambiente bochornoso mucho mayor, pero mayor será aún el impacto sobre organismos y ecosistemas marinos, cuyos daños en algunos casos ya empiezan a ser irreversibles.

Temperatura de la superficie del mar 17 agosto 2018.

En Europa las elevadas temperaturas del agua en el Atlántico han contribuido en parte a ese ambiente bochornoso en las Islas Británicas, Escandinavia y otras zonas del noroeste y norte de Europa. El Mediterráneo es un auténtico caldo, y aunque en algunos países como España el verano no ha sido extremo en cuanto a calor, si se ha notado un ambiente en general más bochornoso o ¨pegajoso¨ cómo se suele decir.

Al otro lado del mundo, la costa de California está experimentando las temperaturas de agua más altas desde 1916 con valores 3 a 4oC por encima de lo que es habitual por estas fechas.

Anomalía de la temperatura del mar el 16 de agosto de 2018. Destacan las anomalías positivas de hasta 3 o 4 grados frente la costa sur de California y norte de Baja California. También las que se extienden por la costa nordeste de EEUU y sudeste de Canadá.

Si uno viaja a ciudades como San Diego o Los Ángeles este verano, notará un ambiente mucho más bochornoso. No será el bochorno de Miami, pero si un ambiente más pegajoso del que habitualmente experimentan estás dos ciudades. Su humedad y temperatura suelen ser más bien bajas en verano gracias al efecto regulador que ejercen las habitualmente frías aguas que bañan la costa oeste de Estados Unidos, pero que este año se parecen más a las que experimentamos en nuestro mar Mediterráneo.